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CAPÍTULO SEGUNDO: EL FACTOR HUMANO
 
 
PRIMITIVOS POBLADORES
 
     
 


Existen dos hipótesis acerca de la familia indígena a la cual pertenecieron los indios Buliras o Burilas, a quienes se reconoce como los primitivos pobladores de Caicedonia. El historiador vallecaucano Miguel Camacho Perea afirma: La provincia de los Quimbayas avanzaba hasta el río La Paila, es decir, hasta el actual Municipio de Zarzal. Y en las crónicas de López de Gómara, se habla de choques entre Quimbayas y Gorrones, en estas tierras… Es decir, que Cartago, Obando, La Victoria, Zarzal, los municipios del Departamento del Quindío, Ulloa, Alcalá, Sevilla y Caicedonia estaban dentro del grupo Quimbaya…

Los Quimbayas eran polígamos, pero su heredero era el hijo de su mujer favorita. Conocieron acerca del uso de la sal, producto que obtenían de la evaporación del agua espesa de los salados, uno de los cuales da nombre a una de las veredas de Caicedonia.

De sus innumerables guacas se desprende que creían en el más allá y que llegaron

Los Burilas, cuyos dominios se extendían hasta el río Bugalagrande, además de ser guerreros empecinados, tenían atlética contextura física y su musculatura realmente era recia.
 

a ser consumados orfebres y ceramistas, según puede apreciarse en las piezas extraídas de sus entierros: ajorcas, pulseras, pectorales, narigueras, brazaletes, insectos, ranas, figuras antropomorfas, husos, silbatos, platos, argollas, sellos, bastones, etc., piezas de las que pueden apreciarse hermosos ejemplos en el Museo Quimbaya, ubicado en la vecina ciudad de Armenia, Quindío.

Por otro lado, en la monografía Caicedonia: Hitos de una Concepción Colonizadora, el historiador sevillano Ulises Vásquez Vargas afirma:

" El territorio que hoy ocupa Caicedonia estaba poblado por tribus indígenas de la raza Pijao, de las cuales la más importante fue la de los Buliras, cuyo nombre se les daba al parecer por el toponímico que ellos asignaban a una fuente salada de su contorno…"

Esta tesis es corroborada por la del periodista Róger Ríos Duque, quien, en su libro Caicedonia: Síntesis Histórico-geográfica de una Gran Ciudad, plantea:

" Como se dijo antes, la tribu Burila hacía parte integral de los Pijaos… Por su ferocidad era muy temida y sus miembros tenían como principal ocupación la guerra, de la que hicieron su pasatiempo favorito para hostigar constantemente a sus vecinos, los Gorrones y los Quimbayas…

Formaban un grupo feroz y, aparentemente, sin ninguna disposición para el arte…La principal característica de este pueblo era la antropofagia y acostumbraba, luego de matar a sus enemigos, comerse su carne.

Según las crónicas de algunos historiadores, después de hartarse con la carne de otros indios, se aprovisionaban abundantemente con la de otros cuerpos. Toda esta carne era llevada, una vez ahumada y salada para evitar su descomposición, a bohíos especiales…

Los Burilas, cuyos dominios se extendían hasta el río Bugalagrande, además de ser guerreros empecinados, tenían atlética contextura física y su musculatura realmente era recia. La mayoría de ellos presentaba la deformación de su cabeza, por que al nacer una criatura sus padres acostumbraban entablarle el cráneo con dos tablillas, una sobre el hueso frontal y otra sobre el occipital…"

Estas afirmaciones, basadas, en buena parte, más en inferencias que en pruebas o testimonios reales, no arrojan una luz nítida sobre el origen de los Buliras o Burilas, en cuanto posibles descendientes de los Quimbayas o los Pijaos. Por esta razón, hasta tanto las investigaciones arqueológicas y/o históricas no hallen indicios más concretos y definidos, en uno u otro sentido, ese asunto permanecerá en esa zona penumbrosa donde, hasta hoy, ha estado.

 
     
 

EL MUSEO ARQUEOLÓGICO DE CAICEDONIA
 
     
 

Fue fundado en el año 2.003, en mi segunda administración, bajo la orientación del Instituto para la Preservación del Patrimonio Natural y Cultural del Valle, en esa época regentado por el ingeniero Hernán Duque Henao. Esta división de la Casa de la Cultura NOG, permite, a propios y extraños, apreciar cientos de objetos precolombinos, de piedra y barro moldeados, extraídos dentro de la jurisdicción del Municipio.

Por considerarlo de interés para los destinatarios del presente trabajo, reproduzco apartes del análisis que ese conjunto arqueológico generó en los expertos que hicieron la curaduría respectiva:

" La muestra arqueológica procede de la época en que, en Caicedonia y en el norte del Valle, aún no se hablaba español. Muchos de los objetos exhibidos pudieron haber sido usados por nuestros ancestros, a los que identificamos, genéricamente, como Burilas; quienes, aunque no fueron los primitivos pobladores de Caicedonia, sí tuvieron contacto con las personas que dieron origen a nuestra actual forma de apreciar el mundo…

" En tiempos en que los Quimbayas clásicos vivían en Caicedonia y en todo el actual eje cafetero, sobre la suela plana y en la Cordillera Occidental. En el Valle del río Calima vivieron otros grupos como los Ilamas, contemporáneos del Marrón Inciso en Antioquia, quienes también produjeron una cerámica, con incisiones de forma zoomorfa y antropomorfa que guardan una lejana relación común con el Quimbaya clásico…"

 
     
 

LOS LÍTICOS DEJADOS EN CAICEDONIA POR LOS QUIMBAYAS
 
     
 
"Gracias a la guaquería se han encontrado, en la región, objetos de piedra que dan fe del amplio conocimiento de los recursos naturales y de su diversa utilización doméstica, ritual y artística. Aunque no se reportan los contextos en los que fueron hallados, es importante señalar que se usaron durante un período muy extenso ya que los únicos metales que se manejaron en esta parte de América fueron el oro y el cobre, con fines rituales, mientras que los líticos(objetos de piedra) eran empleados como artefactos para el corte y la molienda de nueces y maíz, y en los enterramientos como parte de los ajuares funerarios…"
 
     
 
LAS VASIJAS DE BARRO Y SUS IDENTIDADES ARQUEOLÓGICAS
 
     
 
El área a la que se le ha dado el nombre de Quimbaya pudo haber registrado ocupaciones prehispánicas relacionadas directamente con el resto de los emplazamientos del Cauca Medio, región que incluye a Caicedonia.

Gracias al estudio de una buena cantidad de vasijas en cerámica, proveniente de tumbas y sitios de habitación se ha inferido que, antes de la llegada de los Quimbayas que tuvieron contacto con la conquista española, la región presentaba una amplia variedad de grupos culturales emparentados entre sí.

En actividades cotidianas como la alfarería, así como en el sistema económico de intercambio de conocimientos, costumbres y estilos, se expresaban diferencias y semejanzas, lo que parece demostrar un origen común en toda la región. La región del Cauca Medio alberga la cerámica denominada Quimbaya, sin embargo, estudios científicos han permitido identificar tradiciones mayores, la primera de ellas asociada a los objetos de oro hallados y que identifican al Quimbaya clásico…
 
     
 

LAS INVESTIGACIONES ARQUEOLÓGICASEN CAICEDONIA Y SUS ALREDEDORES

 
     
 

Sobre Caicedonia se han adelantado en tiempos recientes dos investigaciones arqueológicas, relacionadas con el estudio de impacto ambiental. La primera de ellas se hizo sobre un trazado actual del Gasoducto de Occidente, ramal Caicedonia. La segunda sobre el casco urbano, en posibles zonas de ingerencia del Fondo para la Reconstrucción del Eje Cafetero (FOREC).


Sobre 12,4 kilómetros que tiene el recorrido del Gasoducto de Occidente en Caicedonia, se hallaron evidencias arqueológicas del complejo Quimbaya Tardío, con sitios de habitación, entierros primarios y otros que dan fe de la vida de los hombres que fabricaron, entre otras, algunas de las piezas de esta muestra.

Entre las fincas La Alambrada y Tesalia, se registraron 18 sitios arqueológicos. Entre

 

las fincas Cristales, Palermo, Piedras y El Mapa se ubicaron tumbas intactas como las aquí expuestas, las cuales fueron excavadas como una de pozo con cámara lateral y nichos laterales, en la que apareció un entierro primario o directo.

En otro programa de investigación que se denominó Reconocimiento Arqueológico Sistemático en Ocho Municipios Vallecaucanos Afectados por el Terremoto del 25 de Enero de 1.999: Bolívar, Sevilla, Caicedonia, Ulloa, Alcalá, Obando, Argelia y La Victoria, se realizó un estudio detallado en cada Municipio, con un completo proceso de investigación y evaluación que permitió determinar el área, la densidad de estratigrafía y la profundidad de los yacimientos detectados, con el fin de fijar parámetros futuros de excavación de los sitios arqueológicos.

En el Municipio de Caicedonia, se registraron 17 sitios arqueológicos y 31 lotes dentro de ellos, todos en suelos aluviales, los cuales en su mayoría tenían características de pequeñas elevaciones naturales…

 
     
 
ANTECEDENTES DEL PROCESO DE COLONIZACIÓN DEL SUROCCIDENTE COLOMBIANO
 
     
 
Las causas y motivaciones fundamentales del proceso de colonización del suroccidente colombiano, del cual forma parte el territorio del Municipio de Caicedonia, hay que buscarlas en la segunda mitad del siglo XIX, es decir, en la República, período que siguió al de la Independencia de la Nueva Granada.

En la obra, "Compendio de Historia del Quindío", Olga Cadena Corrales, señala:
La República que se había formado durante y después de la Independencia ya no correspondía al nuevo país, que pugnaba por entrar en las corrientes económicas mundiales de mercados abiertos, de liberación de monopolios y restricciones sobre la propiedad de la tierra. A la vez, se demandaba mayor democracia, libertad de cultos y más vías de comunicación.

Entre las principales reformas de este período histórico están: el federalismo, el libre cambio, la liberación de los esclavos, la desamortización de los bienes de la Iglesia, la supresión de medidas como el estanco del tabaco y los diezmos eclesiásticos, el incremento de la actividad exportadora, la apertura de vías de comunicación entre las regiones y las dos costas y, especialmente, el impulso a los ferrocarriles.

Entre 1.850 y 1.930, Colombia se integró al sistema económico mundial, como productor de bienes tropicales como quina, añil, raíz de chinchona, algodón, tabaco, café y banano y productos exportables del ganado. Esta naciente actividad exportadora hizo que se requiriera incorporar nuevas tierras al cultivo de estos productos, impulsando la colonización espontánea, que anexó grandes extensiones de tierra a la economía rural.

La vinculación al mercado mundial exigió la adopción de una política librecambista que abolió los aranceles proteccionistas, lo que afectó a los productores artesanales de la Nación…

Una medida de mucha trascendencia fue la liberación, tanto de tierras que estaban en manos de la Iglesia como de los resguardos indígenas. La exportación requería de más tierras para la agricultura. Los grandes latifundistas aprovecharon el momento para quedarse con esas tierras. Los terratenientes acordaron medidas que favorecieron a los comerciantes y generales liberales…Las tierras salieron a remate todas al tiempo, para hacer bajar los precios, e indivisas para que no pudieran ser adquiridas por personas de poca capacidad económica. Otra exigencia, que también consiguieron, fue la de pagar con bonos territoriales, que previamente habían adquirido en un 15 o 20% de su valor nominal…

La tierra, en manos de particulares, necesitaba mano de obra para trabajarla; por tanto, había que redimirla. La liberación de los esclavos se imponía. Esta medida no favoreció a los dueños de minas. Los más perjudicados fueron los del Cauca y Antioquia que debían pagar jornales; en cambio, los comerciantes vieron incrementada la demanda de mercancías por los nuevos asalariados…

La abolición del monopolio del tabaco trajo grandes consecuencias fiscales, produjo un auge en la producción tabacalera que demandó jornales y, por consiguiente, aumentó el consumo de mercancías, favoreciendo la industria, el comercio y el transporte…

Estas reformas, sumadas a la supresión de los diezmos y quintos reales, sacudieron tan profundamente a la sociedad que las diferentes clases sociales, para defender sus intereses, se unieron en partidos políticos…

El Partido Liberal fue instrumento político de las clases sociales interesadas en el cambio, a saber: comerciantes, artesanos, pequeños agricultores y esclavos. EL Partido Conservador, de los terratenientes, comprometidos con el mantenimiento del statu quo…
 
     
 
TIPOS DE COLONIZACIÓN
 
     
 

De los hechos, arriba planteados, con mucho acierto, por Olga Cadena Corrales, se derivan tres tipos de avance colonizador hacia el occidente colombiano: el oficial, el empresarial y el individual.

La colonización oficial se daba de diferentes formas: en términos de leyes y normas que favorecían la apropiación y laboreo de tierras baldías, ejemplo de lo cual es el decreto, del 5 de mayo 1.834, emitido por el Presidente Francisco de Paula Santander, a través del cual se pretendía impulsar el proceso de colonización de baldíos.

En su Artículo 1, el citado decreto decía: Cuando algunos individuos quieran establecerse en parajes desiertos o baldíos a propósito, para el establecimiento de nuevas poblaciones, el poder ejecutivo podrá conceder, con tal objeto, hasta 12.000 fanegadas de tierras baldías para cada población.

En el Artículo 2, se establecía: A cada cabeza de familia se podrán asignar hasta 60 fanegadas, en atención a sus recursos y al número de su familia, pero, bajo ningún pretexto, se darán tierras a individuos que no fijen su residencia en las nuevas poblaciones.

En los artículos siguientes, se establecían estímulos como el no pago, durante 20 años, del diezmo eclesiástico (el diez por ciento de lo que se produjera debía ser entregado a la iglesia católica), o la exención del pago de lo que hoy se conoce como servicio militar, durante 12 años, en un país prolífico en guerras civiles, donde, en el momento menos pensado, los ciudadanos podían ser incorporados al ejército del poderoso de turno.

Otra expresión de la colonización oficial la constituía el mantenimiento y ensanchamiento de los caminos, precolombinos o coloniales, y la apertura de nuevas vías, carreteables o férreas, para apoyar la explotación y comercialización de productos mineros, agrícolas, artesanales e industriales, derivados de la actividad de los nuevos asentamientos o necesarios para estimularla. Prueba de esa preocupación oficial por los caminos es el decreto, emitido por Simón Bolívar, en 1.930, a través del cual ordena, en su artículo

1: …se abrirá un camino de herradura en el paso de los Andes, denominado Quindío, desde la ciudad de Cartago hasta Ibagué.

Se trataba, realmente de recuperar el viejo Camino Real, el cual había sido devorado por la manigua. Este sendero estrecho, años más tarde, tomaría el nombre de Camino Nacional, a cuya vera, ubicadas cada cierto número de leguas, el gobierno ordenó construir tambos o posadas de lata de palma de cera y techo de paja, para reposo y protección de quienes se aventuraran a viajar a través de él.

En ese mismo sentido, en 1.942, siendo Presidente Pedro Alcántara Herrán, el 27 de mayo de 1.842, se expide un decreto, cuyo único considerando y primeros dos artículos dicen:

“EL SENADO Y CÁMARA DE REPRESENTANTES DE LA NUEVA GRANADA, REUNIDOS EN CONGRESO, CONSIDERANDO:

Que, a pesar de las invitaciones que se han hecho hasta ahora, no se ha presentado un empresario que quiera abrir el camino que atraviesa la montaña del Quindío, cuya fragosidad embaraza, en gran manera, las relaciones de comercio, y dificulta el tránsito de tropas en los casos necesarios, como ya lo ha acreditado la experiencia.

DECRETAN:

“Artículo 1. El poder ejecutivo aplicará para la construcción de un camino de herradura, desde Ibagué hasta Cartago, por la montaña del Quindío:

1. Hasta la tercera parte del producto total del Derecho Nacional de Caminos.
2. El presidio o presidios que estime convenientes.
3. El trabajo personal o subsidiario de los cantones de Ibagué y Cartago.
4. También podrá aplicar hasta doce mil pesos del tesoro nacional para el mismo objeto.


Parágrafo único: La aplicación de la tercera parte del derecho de caminos, de que habla este Artículo, sólo se hará por el término de tres años económicos que comienzan el 1 de septiembre de los corrientes.


“Artículo 2. El poder ejecutivo fijará el número de tambos o posadas que, por cuenta de la empresa del camino, deberán construirse para el servicio de los transeúntes. Los individuos a cuyo cargo estén estos tambos, gozarán de una asignación anual que fijará el poder ejecutivo, pagadera de los peajes establecidos por este derecho, y subsidiariamente del tesoro nacional.?

Nota: siguen seis artículos más.

Finalmente, otra manifestación de esa colonización oficial estuvo representada por el establecimiento de avanzadas militares o gubernamentales, en lugares estratégicos para la consolidación del aparato estatal o para la defensa de la soberanía.

La colonización empresarial tuvo su más cabal expresión en la acción de grandes concesionarios de territorios y servicios a cargo del Estado, como fue el caso de la Empresa de Burila, protagonista de primer orden en el proceso de colonización del Quindío y el norte del Valle, cuyo objeto era la explotación de oro, carbón y salinas, o el caso de los precursores de los Ferrocarriles Nacionales, empresarios que abrieron y tendieron vías férreas aisladas en diferentes regiones del país, para su lucro personal y con el visto bueno del gobierno nacional.

También aconteció que empresarios de comercio, guaqueros prósperos, prestamistas, establecidos en Manizales y otros pueblos de Caldas y duchos en los procesos de titulación, llegaron con la oleada colonizadora del Quindío y del norte del Valle, iniciada en los años ochenta del siglo XIX, y, sin ser colonos, se las arreglaron para denunciar terrenos no mejorados por ellos, o para financiar el trabajo de los pobres colonos y, luego, apropiarse de sus tierras ante su imposibilidad para pagar, lo cual era de común ocurrencia, pues el comercio de los productos de la tierra era poco retributivo y los costos de las herramientas, el levantamiento de las viviendas y el establecimiento y manutención, en cuanto a vestuario y salud, era relativamente oneroso, por lo que, en muchos casos, los colonos se daban por vencidos y terminaban como aparceros de quien los despojaba de su tierra, o se iban, más allá, a intentarlo de nuevo, o terminaban probando suerte en los nacientes poblados, como aprendices de algún oficio o como pequeños comerciantes.

La colonización individual fue impulsada por los desposeídos, en ese tiempo, sin derecho siquiera al voto y casi al mismo nivel de los esclavos o libertos; o por quienes huían de los centros poblados para evitar la persecución de la ley o para no ser incorporados por los ejércitos que contendían en las guerras civiles; o por los que se cansaron del laboreo de las minas agotadas de su nativa Antioquia, especialmente, y querían probar suerte como mineros guaqueros en territorios que presentían ricos e inexplorados; o por los que empezaron a tener noticias de la feracidad de las tierras del Quindío y del norte del Valle y, urgidos por sus cabezas paternas, decidieron que era el momento de probar fortuna y hacerse un nombre y un patrimonio. Por su cercanía, habrían de proceder, en su mayoría, de Antioquia y de Caldas…

 
     
     
 
LA COLONIZACIÓN ANTIOQUEÑA
 
 
FORMACIÓN DEL PUEBLO ANTIOQUEÑO
 
 

 
 

El oro tuvo un papel fundamental en la formación del pueblo antioqueño, tal como se le ha conocido con sus muy peculiares características, en los últimos doscientos años.

Efectivamente, fue la búsqueda del oro lo que impulsó la colonización de la provincia de Antioquia, por parte de los españoles, en el siglo XVI. Como lo plantea James Parsons en su obra "La Colonización Antioqueña en el Occidente Colombiano", sólo

 

las leyendas acerca de fabulosas riquezas ocultas en la montañosa topografía de Antioquia fue capaz de animar a los conquistadores que llegaban a Cartagena a emprender la fatigosa travesía hacia ese territorio. Detrás de ellos, llegaron inmigrantes asturianos y vascuenses, procedentes de las regiones montañosas del nororiente de España. El cerro de Buriticá, en la cordillera Occidental, detrás de la antigua capital: Santa Fe de Antioquia, era el punto de interés de los primeros buscadores de oro y la fuente de gran parte del oro hallado, luego, en las tumbas indígenas del Quindío y el Sinú?, asevera Parsons.

La rápida merma de la población indígena, por causa de la violencia de los colonizadores y por efecto de las enfermedades, y la dificultad para traer esclavos negros desde Cartagena, obligaron a los colonos españoles y a sus descendientes mestizos al laboreo independiente y en pequeña escala, de lo que se derivó un impulso a la tradición democrática del trabajo en Antioquia, a diferencia de lo que aconteció en el suroccidente, especialmente, en el Cauca, provincia de la cual era una parte el Valle del Cauca.

De la mezcla de los españoles con indios y negros esclavos, surge la raza antioqueña. Contraria a la configuración racista de un tipo antioqueño de piel blanca, nariz aguileña, frente amplia y ojos claros, que se lee en muchas monografías de poblaciones de ancestro paisa, la verdadera tipología del pueblo paisa está ligada a los gajes del mestizaje; algunas veces, con el predominio de los rasgos arios; otras, con pronunciada presencia de lo africano; a veces, con notorios rasgos del ancestro indígena.

Prueba de ello son los censos de 1.912 y 1.918, en los cuales la población blanca sólo alcanza el treinta y cuatro y treinta y uno por ciento, respectivamente, cifras que, a la fecha, deben haber disminuido hasta apenas un poco por encima del veinte por ciento, en la medida en que se desprestigian más y más los absurdos prejuicios raciales y el mestizaje se acelera y consolida, no sólo entre los habitantes de Antioquia y su zona de incidencia colonial, sino a todo lo largo y ancho del territorio nacional.

 
     
 
PROCESO DE EXPANSIÓN DEL PUEBLO ANTIOQUEÑO
 
     
 

Los siglos XVI, XVII y la primera mitad del XVIII están signados por el auge de la minería aurífera en Antioquia. En la segunda cincuentena del siglo XVIII, empieza un ostensible decaimiento de esta actividad, sobre todo en las explotaciones de Arma, Zaragoza, Remedios, Yarumal, Urrao, Anzá, Santa Fe de Antioquia y Medellín. La población crecía rápidamente como producto de las muy prolíficas uniones entre hombres y mujeres blancos y mestizos. Sin embargo, los alimentos y vestimentas escaseaban en esta tierra de hombres que privilegiaban su quehacer como mineros, de modo que un alto porcentaje de los bienes básicos de consumo procedían de Cartagena o del Cauca.

Por otro lado, la concentración de la tierra en manos de unos pocos concesionarios ricos como don Antonio de Quintana, cuyos inmensos dominios comprendían los actuales municipios de Carolina, Angostura, Santa Rosa de Osos y Yarumal, y la pobre vocación agrícola y pecuaria de los pobladores contribuían a hacer más triste el cuadro de una Antioquia alimentariamente reducida al cultivo y consumo del maíz, el fríjol, la yuca dulce, la arracacha y la carne de monte, de cerdo y algunas aves de corral.

El renacimiento cultural y económico, que transformó esta empobrecida provincia selvática, empezó, según Parsons y otros estudiosos del tema, en 1.784, con el nombramiento del enérgico Inspector Real Juan Antonio Mon y Velarde, quien, en apenas tres años largos, despertó a la comunidad de su aletargamiento.

Sus reformas económicas, jurídicas y de vasta influencia social activaron la energía dormida del pueblo antioqueño. Nuevas ciudades y establecimientos agrícolas fueron fundados en las altiplanicies, libres del paludismo, y se ofrecieron bonificaciones por la introducción de nuevos cultivos. Se expidieron rigurosas disposiciones contra la vagancia y los holgazanes fueron enviados a trabajar en los nuevos asentamientos.

En uno de los informes de Mon y Velarde a la Corona, el riguroso funcionario expresa: Sólo pudo haber facilitado el cambio de estas gentes la viva impresión que, por todos los términos, les hice concebir, desde los más grandes hasta los más pequeños, de que todos habíamos nacido para el trabajo y que había que mirar como delincuente en la sociedad humana al que era inútil a su patria y no empleaba sus fuerzas y talentos en, por lo menos, procurarse por sí mismo la subsistencia.

El nuevo empuje a la agricultura que siguió al influjo de Mon y Velarde y la terminación del litigio entre Rionegro y Santa Fe de Antioquia, por el dominio de las vegas del río Negro, contribuyeron a la primera expansión de los antioqueños hacia las vertientes montañosas del sur y el occidente de la provincia. Entonces, también se inició el embate contra el cinturón selvático situado al nororiente.

Posteriormente, este embate colonizador excede los límites de Antioquia y se dirige al suroccidente del país, hacia los que, hoy, son los Departamentos de Chocó, Caldas, Risaralda, Quindío, Valle del Cauca, Cauca y Nariño, aunque con mucha menor intensidad en estos dos últimos.

La marcha de los antioqueños en pos de nuevos territorios se concretó en tres tipos de colonización, como lo plantea Ulises Vásquez Vargas, en su monografía de Caicedonia, publicada en 1.980: "Unas veces, fue la ocupación arbitraria de propiedad ajena; otras, la ocupación de baldíos nacionales; y la tercera, la colonización promovida por ricos empresarios y comerciantes que impulsaban la apertura de tierras, cediendo parcelas a colonos que se comprometían a cultivarlas bajo ciertas condiciones…"

En muchas ocasiones, lo que motivaba esas cesiones de la tierra por parte de los empresarios y comerciantes era la soterrada intención de mejorar sus latifundios y acrecentar su valor, después de negociar a precios ridículos las mejoras de los colonos; en algunos casos, se hacía con la intención de ir formando centros poblados, en los cuales ensanchar sus negocios de compra y venta de diferentes productos para el consumo humano y para las labores agrícolas y pecuarias. Algo así como una estrategia para ir formando una clientela para sus establecimientos comerciales.

A su paso, los corajudos colonos que tuvieron la fortuna de llegar a ser campesinos propietarios explotaban la madera de los bosques talados, establecían fundos de pequeña y mediana extensión, en los que sembraban pasto, fríjol, maíz, plátano y café, producto que se anunciaba como apropiado para las tierras de media montaña y con una demanda asegurada en el exterior.

Entre los cultivos de pan coger, los que garantizaban la seguridad alimentaria de las familias, sobresalían la caña de azúcar, el maíz, el fríjol, el plátano (hartón, dominico, guayabo, guineo, banano, etc.), la sidra y la arracacha, buenos para el engorde de gallinas y cerdos, y amables vecinos del café y, además, los tradicionales alimentos de los colonos y sus ancestros.

A la par con la actividad agrícola, se iniciaban pequeños hatos que tenían su origen en las vacas y los terneros, los atados que posibilitaban la provisión de la leche para las familias. Desde luego, no podían faltar "las bestias", caballares o mulares, los bueyes, fundamentales para el transporte de las personas y los productos, en tiempos en que sólo caminos de herradura existían entre las fincas y los pueblos y, en la mayoría de las ocasiones, entre unos pueblos y otros.

Esta marea de campesinos antioqueños, que inició y llevó a cabo la epopeya colonizadora de su propia tierra de origen y de Caldas, Risaralda, Quindío y el norte del Valle del Cauca, estaba compuesta por hombres y mujeres, en su mayoría iletrados, acostumbrados a una vida dura y de privaciones en sus campos montañosos, a la convivencia con los espacios selváticos y su fauna salvaje, plagados, además, de insectos maláricos y humedad. En su empeño titánico, los sostenía, sobre todo, la esperanza de construir un futuro mejor para sus familias, su casi fanática fe en Dios y en María Santísima y su instinto de supervivencia, afinado en la lucha diaria contra una naturaleza todavía no domeñada por el hombre. Así los describe Ulises Vásquez Vargas:

" Ellos son el típico producto montañero, campesino, inculto; agricultores por tradición y por ancestro. Llevan un atuendo que los identifica y los singulariza: pantalón de tela, arremangado a la rodilla, alpargatas de fique, delantal de lona y camisa barata; cruza su pecho la banda de cuero que sustenta el carriel de numerosos bolsillos, en donde cabe todo un universo: los dados de hueso, cuerno o marfil, la barbera "Corneta Solingen", que puede deslizarse suavemente sobre las mejillas pobladas por barba hirsuta o rasgar la piel del adversario en sangrante surco, a la hora de la contienda, la baraja, naipe o tute, ajada por el uso y el abuso, que alegrará la vigilia y el descanso; el pañuelo rabuegallo, de cuyas esquinas ha pendido más de una vez la vida de su dueño, en lances varoniles, el tabaco, la calilla o cosechero, liado en la casa familiar o adquirido en la fonda caminera; la yesca o el fósforo de palo, protegido en su cajita de nácar; la carta mustia, ajada, de la novia lejana o de la madre adorada; un infinito número de chucherías que van desde la ?uña de la gran bestia? hasta la oración al justo juez, sin olvidar la navaja inoxidable, cuyos dos hojas se abren con fulgor diamantino…

A su lado, o adelante, va la recua, la mulada o la bestia de silla o de carga. A su paso, desfilan los riachuelos, las hondonadas, las casuchas. A su paso, ondula la cubierta de su machete, que cuelga de su cintura. Una ruana, un poncho o una mulera descansa sobre su hombro o arropa su pecho fornido, dejando espacio para la cabeza altiva, de cabellos abundantes, cubierta por un sombrero venido a menos por el sudor, la lluvia y el barro… Este nuevo conquistador, este colonizador de fines del siglo XIX, busca horizontes, movido por la pobreza, sacudida ya la abulia, la pereza que fue su sello años atrás, en pos de la aventura o deseoso de escurrir el bulto a las comisiones militares que, en nombre de uno u otro partido político, andaban por las veredas y aldeas incorporando soldados para la lucha fratricida que ha desencadenado la ?Guerra de los Mil Días…

Hombres como el arquetipo que, románticamente, describe Vásquez Vargas fueron los heroicos protagonistas del proceso colonizador que determinó la aparición de poblaciones como Rionegro, Fredonia, Pácora, Sonsón (1.797), Abejorral (1.908), Aguadas (1.914), Salamina (1.825), Neira (1.843), Santa Rosa de Cabal (1.844), Manizales (1.848), Pereira (1.863), Filandia (1.878), Circasia (1.884), Calarcá (1.886), Armenia (1.889), Montenegro (1.890), El Águila (1.899), Pijao (1.902), Génova (1.904) Sevilla (1.903), Caicedonia (1.910), Quimbaya (1.914), La Tebaida (1.916), y tantos otros asentamientos paisas, diseminados a lo largo y ancho de los actuales Departamentos de Caldas, Risaralda,Quindío, Valle del Cauca, Chocó, Tolima y los antiguos Territorios Nacionales.

En todos estos lugares, resisten, contra los efectos disgregadores y unidimensionalistas de la modernidad y la postmodernidad, las diversas y particulares señas de identidad que componen el concepto de lo antioqueño o paisa. En esos pueblos y ciudades, una gran mayoría de sus habitantes come, bebe, habla, negocia, fantasea, hace humor, trabaja y ama…a la manera paisa: con un vitalismo entre gozoso y nostálgico, con la generosidad y el espíritu emprendedor que heredaron de sus ancestros montañeros.

Sin embargo, no todos los ancestros de los caicedonitas actuales vinieron de Antioquia o Caldas. Muchos de los antiguos pobladores de nuestro Municipio empezaron a llegar a estas tierras, después de 1.930, procedentes de distintos lugares de Colombia: El "Tolima grande", la altiplanicie cundiboyacense, los Santanderes, el Cauca y Nariño y, desde luego, el plan del Valle del Cauca. Inmigrantes a los que hay que sumar los procedentes del Medio Oriente (árabes y judíos), los venidos del Ecuador y, esporádicamente, algunos europeos, gringos y chinos, que por estos lares han pasado.

 
     
 
 
 
 
     
 
 
     
 
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